Anécdota de “Sari”

Con la llegada del buen tiempo pasábamos más rato en la calle y gran parte de esos rato los pasábamos en el barrio como nos gustaba llamarle.

Había una travesía de tierra a la que llamábamos “Los Carros” porque había dos carros antiguos y allí jugábamos a las canicas, pero a los demás juegos jugábamos en otra travesía mas pequeña que está encementada y a la que llamábamos la puerta de Teresa porque así se llamaba la vecina que vivía en una de las casas.

Nos reuníamos los vecinos de nuestro barrio que éramos unos cuantos y algunas tardes también se acercaban amigos de todos con lo que el grupo se hacía más grande.

Jugábamos a puntos, al escondite, a montar en bici, a la goma, a la comba, a churro, hacíamos el pino, a las cartas, a guardia y ladrón…

Y fue cuando pusieron los contenedores cuando un día vinieron los amigos de Luis a jugar a guardia y ladrón y uno de ellos no aparecía y cuál fue nuestra sorpresa cuando apareció escondido dentro de un contenedor.

Llegó el fin de curso y con él las largas vacaciones de verano.

Esas mañanas de escuela de verano y deberes en las que casi siempre había un pequeño hueco para hacer de las nuestras.

Recuerdo cuando dejaban el grano cosechado en la puerta de las casas e íbamos a pisar descalzos en él y se caía todo y para que no nos pillaran nos íbamos corriendo. (Aunque alguna bronca nos llevamos).

El escondite era nuestro juego preferido y aunque jugábamos por la tarde por la noche se hacía más entretenido porque era más difícil encontrar y que te encontraran.

Saltábamos la tapia de Pepe que no era muy alta y se subía fácilmente y allí teníamos unos cuantos escondites.

Pero una noche de esas en las que la señora Luisa narraba sus vivencias de la guerra empezamos a escondernos en su casa, estaba la puerta abierta y entrábamos y salíamos si que ella se diera cuenta.

Lo más gracioso es que los mayores (nuestros padres y demás vecinos) nos veían y lejos de reñirnos se partían de risa.

Así entre juegos y risas se acercaba la fiesta y con ella también se acercaba el fin del verano y el principio del nuevo curso.

Ana María Herrero Rodriguez

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